Empleo joven: ¿una generación con menos oportunidades?
Según los últimos datos disponibles, las juventudes enfrentan mayores dificultades para acceder a un empleo registrado y de calidad. La informalidad, las desigualdades sociales y las barreras educativas condicionan la construcción de una trayectoria laboral estable.
Por Eileen Cuttier
Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), la tasa de desocupación pasó del 6,2 por ciento en 2023, al 7,9 por ciento en el segundo trimestre de 2026. En un contexto marcado por la retracción de la actividad económica y un mercado laboral con menor capacidad para generar puestos de trabajo de calidad los sectores jóvenes son los más afectados.

Mientras la estructura ocupacional muestra una disminución de los asalariados registrados, y un aumento de ocupaciones de baja estabilidad, la búsqueda laboral de las juventudes se complejiza. De acuerdo con la investigación Deterioro y resquebrajamieto de la estructura social del trabajo en la Argentina (2010-2025) la problemática del empleo actual se centra principalmente a la precarización laboral.
El estudio concluyó que el deterioro del mercado laboral al que las nuevas generaciones se enfrentan, no se manifestó a través de una explosión del desempleo abierto, sino mediante la expansión sostenida de la informalidad y el deterioro tanto en las condiciones de empleo como en los niveles de ingreso. En este sentido, la hipotesis es que la economía continuó generando puestos de trabajo y ocupación, pero con crecientes dificultades para crear empleo registrado y crecimiento tanto del autoempleo de subsistencia, vomo de las microocupaciones informales.

Mayores dificultades para las juventudes
En cuanto a las juventudes,diversos estudios coinciden en que los menores de 29 años enfrentan mayores obstáculos para ingresar al mercado laboral formal y suelen concentrarse en empleos temporarios, informales o de escasa calificación. De esta manera, la transición entre la educación y el trabajo se vuelve cada vez más extensa y compleja.
Los indicadores específicos sobre empleo joven reflejan un deterioro sostenido de las oportunidades de inserción. Entre los jóvenes se observa una caída de la tasa de empleo y una creciente participación en actividades de baja calidad ocupacional, especialmente entre quienes poseen menores niveles educativos o residen en contextos socioeconómicos más vulnerables.

En esa línea, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA advirtió que siete de cada diez jóvenes de entre 18 y 25 años no cuentan con un empleo formal. La mayor parte se distribuye entre ocupaciones precarias, trabajos irregulares o situaciones de desempleo, una tendencia que limita el acceso a ingresos estables y reduce las perspectivas de desarrollo profesional.
Además, se indicó que en los sectores de ingresos más bajos, el empleo regular alcanza niveles considerablemente menores que en los estratos medios y altos, mientras que la incidencia de la informalidad y el desempleo prolongado aumenta de forma significativa. En otras palabras, las oportunidades laborales no dependen únicamente de la formación o la experiencia, sino también del contexto social de origen.
La vulnerabilidad juvenil
Por otro lado, a partir de las investigaciones realizadas por la UCA, se vinculó las posibilidades de inserción laboral de las juventudes con las condiciones económicas de sus hogares. Según los datos obtenidos, además del sector social de pertenencia, la estabilidad laboral de madres, padres o referentes familiares también influye directamente porque condiciona el acceso a redes de contacto, recursos para la búsqueda de empleo y oportunidades de capacitación.
Otro aspecto relevante es la educación ya que el nivel de formación afecta considerablemente las posibilidades de una inserción laboral. Según el informe "Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro" realizado por la UBA, la mayoría de los jóvenes encuestados señaló que continuar estudiando representa una herramienta para mejorar su calidad de vida y ampliar sus oportunidades futuras. Sin embargo, consideraron que las dificultades económicas obligan a muchos a interrumpir o compatibilizar sus estudios con empleos precarios, lo que termina afectando tanto su formación como sus perspectivas laborales.
En este contexto, los datos muestran que la problemática juvenil está atravesada por factores económicos, educativos y sociales que condicionan las posibilidades de acceso al empleo. Garantizar oportunidades laborales de calidad, con estabilidad y derechos, aparece como uno de los principales retos para una generación que enfrenta crecientes dificultades para construir su autonomía.
