Investigadores del CONICET descubrieron cómo un pequeño cambio en una proteína puede aumentar la resistencia a antibióticos
El uso intensivo de antibióticos en pacientes hospitalizados, su uso innecesario, la automedicación y otros factores incrementan la “presión de selección” que favorece la supervivencia y multiplicación de bacterias, volviéndose más resistentes.
Las infecciones causadas por bacterias farmacorresistentes ya causan al menos 700.000 muertes al año en el mundo y el ritmo con el cual aparecen cepas resistentes a antibióticos predice que en 2050 volverán a ser la principal causa de muerte a nivel mundial, por encima del cáncer y las enfermedades neurodegenerativas.
En este contexto, especialistas del CONICET y de Estados Unidos identificaron un mecanismo que puede aumentar la resistencia de determinadas bacterias patógenas cuando son abordadas por terapias basadas en la combinación de antibióticos e inhibidores.
El uso intensivo de antibióticos en pacientes hospitalizados, su uso innecesario, la automedicación y otros factores incrementan la “presión de selección” que favorece la supervivencia y multiplicación de bacterias patógenas de importancia clínica, volviéndose más resistentes.
Un pequeño cambio puede hacer la diferencia
“Nuestro trabajo se focalizó en estudiar un mecanismo que algunas bacterias utilizan para defenderse de los antibióticos. En particular, analizamos una β-lactamasa, llamada PER-14, y descubrimos que un pequeño cambio en uno solo de sus aminoácidos con respecto a otra llamada PER-2, prevalente en ciertas bacterias en Argentina”, explicó Pablo Power, líder del estudio e investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Bacteriología y Virología Molecular (IBaViM) con sede en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA.
“Estas bacterias pueden causar infecciones urinarias, respiratorias, de heridas o del torrente sanguíneo, especialmente en personas hospitalizadas o con otros problemas de salud. Pueden transmitirse por contacto, por ejemplo, a través de las manos, superficies o dispositivos contaminados”, agregó el investigador.

La resistencia a antibióticos: próximos pasos
Según Melina Ruggiero, primera autora del trabajo e investigadora del CONICET en el IBaViM, “en otros casos, bacterias que forman parte de la microbiota intestinal pueden causar una infección si alcanzan otras partes del organismo”. Los próximos pasos de esta línea de trabajo apuntan a profundizar el estudio de cómo evolucionan las β-lactamasas y qué cambios estructurales les permiten escapar de los inhibidores sin perder su capacidad de inactivar antibióticos.
“La información, que surge de nuestra investigación, puede servir como base para diseñar nuevos inhibidores capaces de superar esos mecanismos de resistencia. También puede ayudar a decidir qué combinación de antibióticos e inhibidores podría seguir siendo útil frente a determinadas bacterias que produzcan la enzima PER-14”, señaló Power, también Director del IBaViM. Y concluyó: “Además, tiene valor para la vigilancia de la resistencia antimicrobiana. Si sabemos qué cambios genéticos pueden generar resistencia, podemos buscarlos específicamente en bacterias aisladas de pacientes y detectar tempranamente su aparición o su diseminación”.
