Argentina - Inglaterra: el Mundial no sería lo mismo sin los clásicos rivales

El Lic. en Psicología Giancarlo Quadrizzi Leccese analizó la razón por la cual jugar contra ciertos equipos en la Copa del Mundo es una cuestión de honor.

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La rivalidad futbolística fraterna hace parte de los códigos compartidos y de la dinámica cultural de los encuentros. El Lic. En Psicología Giancarlo Quadrizzi Leccese analizó para El1 la imagen del rival desde una mirada psicológica para profundizar en la razón por la cual algunas victorias o derrotas emocionan más que otras.

Según señaló el psicólogo, hay ciertos enfrentamientos que se viven con mayor intensidad debido a que poseen una carga histórica y emocional por aspectos que van más allá del encuentro futbolístico. Además, destacó que la previa de partidos contra la figura de "ese gran rival" se viven con mayor tensión y que el triunfo sobre él se celebra con mayor euforia.

Se trata de un aspecto ejemplificado a través de la mención de los clásicos rivales como Inglaterra, con quien el país además posee una histórica disputa por la soberanía de las Islas Malvinas. Por otro lado, mencionó a Brasil, con el que comparte mayores similitudes al ser un país vecino.

La rivalidad futbolística desde la Psicología

Quadrizzi Leccesse explicó que, dentro de aquella masa colectiva en la que los hinchas se diluyen, no sólo se produce una identificación horizontal con los pares y una vertical con los jugadores concebidos como héroes, sino también una distinción de una otredad colectiva que es distinta de la cual uno forma parte.

A modo de profundizar, señaló que, según Freud, en las relaciones entre grupos cercanos suelen presentarse "narcisismo de las pequeñas diferencias", es decir, una hostilidad entre grupos vecinos o parecidos. En este sentido, puntualizó: "El narcisismo surge de constituirse divino y distinto a ese otro que es un bárbaro, pero en general ese otro es el que se parece más a mí, por eso enaltezco las diferencias".

Por otro lado, retomó a Le Bon en la idea que afirma que la multitud necesita un enemigo común para cohesionarse: "Me junto con los míos, pero a la vez me distancio y me separo de aquel otro que aparece como rival". Entonces, la imagen de ese rival moviliza emociones que a su vez son potenciadas por ese ´nosotros´ o ´alma colectiva´".