El discurso completo de Adolfo Pérez Esquivel tras recibir el título de Profesor Honorario de la UNLaM

El Premio Nobel de la Paz 1980 fue distinguido por la Universidad Nacional de La Matanza en reconocimiento a su trayectoria y compromiso con los Derechos Humanos y la Democracia.

Este jueves, el Premio Nobel de la Paz, Adolfo María Pérez Esquivel, fue distinguido como Profesor Honorario por la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), en reconocimiento a su trayectoria y compromiso con la defensa de los Derechos Humanos y la Democracia. La distinción se otorgó en el marco de la conferencia que brindó en el auditorio de la casa de estudios que lleva su nombre, titulada “Derechos Humanos y Democracia son valores indivisibles”. En ese contexto, El1 reconstruyó el discurso completo del arquitecto.

Discurso completo

Buenas tardes a todos y todas, ¿cómo están ustedes? Es una alegría compartir estos momentos. Agradezco aquí al Rector, al juez, a cada uno y una de ustedes, que podamos compartir estos momentos con fuerza, con esperanza, a pesar de todo. Hay muchas dificultades, pero también hay mucha energía, mucha fuerza y resistencia. Veo muchos jóvenes, y lo primero que tengo que decir a los jóvenes y a todos es que hay que ser rebelde de conciencia, de valores, sino, no podemos transformar absolutamente nada. Únicamente cuando tenemos esa rebeldía de conciencia, podemos transformar las sociedades injustas por sociedades más justas y fraternas.

No es un camino fácil, pero todo el camino que realizamos cada uno y una es con esa esperanza de un nuevo amanecer para nuestro pueblo. Lo otro que tengo que decir es que agradezco este honor que me han otorgado, pero todos estos honores no los asumo a título personal: todo mi trabajo no es el trabajo de una persona, cuidado con eso. He compartido por miles de campesinos, hombres y mujeres, en toda América Latina y el mundo. Así que el premio Nobel cuando lo asumo, lo asumo en nombre de los pueblos de América Latina, no a título personal. Y soy coherente en ese caminar hasta el día de hoy. Creo que esto tenemos que tenerlo claro, nadie puede transformar nada si no es con el otro y la otra. Tengamos conciencia de esto.

Hablar de los derechos humanos, voy a hacer una breve referencia. Después de la Segunda Guerra Mundial, estamos en las puertas de la Tercera Guerra Mundial y esto es doloroso y tenemos que analizarlo y tenerlo presente. Después de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional necesitó dar un código de conducta: ¿Cómo vamos a convivir? ¿Cómo vamos a vivir? ¿Cómo vamos a generar la vida para nuestros pueblos? Y así nace la declaración universal de los derechos humanos. Pero ya estaba esto, en la Revolución Francesa, en los libros sagrados, de distintas religiones, ya estaba todo, pero la comunidad internacional quiere generar un código de conducta.

Este código de conducta es el que, durante más de 80 años, nos permitió, a través de pactos, protocolos internacionales, declaraciones, una estructura jurídica también internacional, la convivencia. Digo me permitió porque parece un pasado cuando un presidente de una gran potencia echa por tierra todos esos avances de la humanidad. Me refiero a un señor que ustedes conocen, llamado Trump. Desconoce pactos, tratados internacionales, todo eso no sirve. Sirve lo que él dice, incendia el mundo como Nerón y nos enfrenta con la angustia existencial. Pero si habla de democracia, si habla de derecho, cuidado, valoricemos la palabra.

La palabra no es porque sí, la palabra es energía. Ustedes saben que con una palabra podemos amar y con una palabra podemos destruir y puede ser tan fatal como un arma. Estoy hablando de una palabra. Pero también con una palabra podemos construir, podemos darnos la mano y podemos caminar juntos y juntas para construir ese nuevo amanecer de la humanidad. Hay muchos caminos, uno es la educación y por eso una educación tiene que ser de rebeldía de conciencia frente a las injusticias. Un amigo que ustedes conocen porque es de nuestra tribu, llamado Francisco, le dice a todos los jóvenes en el mundo: ¡hagan lío! ¿Qué les dice ese hacer lío? que transformen esta realidad, pero transformenla positivamente, no con odio, no con venganzas.

Este código de conducta nos permitió la convivencia. Naciones Unidas tiene cosas maravillosas que hemos comprobado como la UNESCO, los comités de refugiados, la salud, todo esto que hoy parece que no tiene sentido, pero si miramos las grandes organizaciones internacionales, tenemos que mirarnos hacia adentro. Hay un dicho popular que dice "si no sabes a dónde vas, regresa para saber de dónde vienes". ¿Sabemos nosotros de dónde vinimos, cuál es nuestra identidad, nuestra pertenencia, nuestra convivencia? Les hago una pregunta, ¿qué es ser pueblo? Ser pueblo no es juntar gente. Podemos ser mucha gente junta y no ser pueblo. Para ser pueblo necesitamos esa identidad, esa pertenencia, algo que nos une y nos hace participar, compartir. Esto es lo que nos da la identidad, un territorio.

Voy a hacer breves referencias, pero esto sería largo exponerlo. En el año 76 en Argelia, la Fundación Basso había creado el Tribunal Permanente de los Pueblos, que sigo siendo miembro del tribunal durante más de 45 años o más. Sigo siendo miembro de ese tribunal, que es el tribunal Bertrand Russell, que el primer juicio es contra la guerra de Vietnam y que sí continúan sus sesiones en distintas partes del mundo, pero dirigiéndose a la identidad de los pueblos. Ser pueblo, porque la Declaración Universal habla de la persona, que está muy bien, habla de la sociedad, pero no habla de los pueblos. Y los pueblos tienen que estar presentes, y hoy más que nunca.

¿Qué pasa en Gaza con los palestinos? ¿en Cisjordania? ¿Qué pasa con las guerras? ¿Podemos ser indiferentes a todo esto? ¿Qué pasa en nuestros países? Cuando hablamos de democracia, ¿qué democracia? ¿Es simplemente que podamos votar? No, cuidado. Democracia para mí significa derecho e igualdad para todos y todas. Eso es democracia. Que no se nos mueran los niños de hambre y de enfermedades evitables. Que no haya hambre. Hoy hay hambre en la Argentina, y haya hambre en muchas partes, hasta en Europa. Pero se invierten miles de millones en la carrera armamentista. Entonces, ¿de qué democracia hablamos? ¿Qué es esto de democracia? Por eso yo relaciono derechos humanos y democracia, son valores indivisibles. Si se violan los derechos humanos, las democracias se debilitan y dejan de ser democracias.

Un amigo que ustedes conocerán y que nos ha dejado tanto, Eduardo Galeano, decía que más que democracia, estos son democraduras. Eduardo Galeano jugaba mucho con las palabras, y las enriquecía. Dice, las democraduras. Qué importante, ¿no? ¿Qué pasa? Sí, estamos llenos de democraduras. Miren lo que está pasando nomás para no ir más allá, en América Latina. Si un gobierno no está al servicio del pueblo, está contra el pueblo. Esto hay que tenerlo claro. Si un gobierno no es servidor de nuestro pueblo, es un traidor al pueblo.

Podemos hablar y recorrer América Latina. Yo me paso a la vida recorriendo este continente extraordinario, que es una pasión de vida, pero permítanme hablar de la realidad. Yo tengo un amigo de muchos años, de los años 70, que en ese entonces, cuando éramos pibes, teníamos un pelo negro, barba negra. Ahora se nos volaron las chapas, pero ese amigo, que ustedes conocen, es Lula.

Qué bocanada de aire fresco con el triunfo de Lula, que la peleó, que estuvo preso. Lo visité dos veces en prisión, una con ese teólogo amigo Leonardo Boff y la segunda vez con Ignacio Ramonet, de Le Monde diplomatique. Pasabamos a la cárcel y le hacíamos varias bromas a Lula. Se reía. Él estaba preso en el edificio que él había inaugurado como presidente. Entonces, bueno, no perdimos nunca el humor. Luego, cuando ganó la elección, vino a la Argentina. Ahora no puede venir porque este gobierno no lo quiere, reniega, ayuda a Bolsonaro a huir de Brasil. Pero cuando vino estaba Alberto Fernández de presidente y nos reunimos en casa del gobierno y le preguntamos: Lula, ¿cuál es el desafío mayor que tienes para tu pueblo ahora que volvés a la presidencia después de la cárcel que le inventaron para sacarlo del medio? Dije, ¿qué vas a hacer? ¿Cuál es el desafío mayor para tu pueblo? Era luchar contra el hambre.

En Brasil no puede haber hambrientos. Y toda su lucha fue dirigir a las condiciones de vida. Y eso es la construcción democrática. La democracia no se regala. No es que votamos y después listo. No. La democracia es un ejercicio del pueblo. Pero yo no creo en esta democracia delegativa que votamos y después nos quedamos en un estado de indefensión total. Y es lo que nos pasa ahora. Votamos y después no tenemos ningún derecho. Pero votamos. No creo que el pueblo gobierna a través de sus representantes. Está bien en los dichos. Pero ¿los representantes respetan al pueblo? Ustedes tienen la respuesta. Cada uno de nosotros tiene la respuesta. ¿Cómo hacemos para el progreso? Cuando se está vendiendo el país en todas las tierras, no solo aquí, en todo el continente, en África, en Asia, países que he estado, he visitado y he compartido.

¿Qué está pasando? Yo creo que tenemos que llegar a una democracia participativa donde el pueblo tenga herramientas constitucionales y jurídicas para poner límite al abuso del poder. Tenemos que pensar y para esto necesitamos de la rebeldía. La rebeldía de conciencia. ¿Cómo transformamos esta realidad? ¿Cómo evitamos que haya gente sin una vivienda digna? Para esto tenemos que sumar voluntades. Yo digo que el pueblo argentino tiene que encontrar el camino de la unidad en la diversidad. No todos tenemos que pensar igual. Cuidado, porque eso sería totalitarismo.

La riqueza de los pueblos es la diversidad. Aprendamos de la pachamama. La gran riqueza de la madre naturaleza. Y esa es la belleza que nos ofrece la madre tierra. Ahí es donde tenemos que aprender a vivir.

Yo hoy le decía a los periodistas que soy un aprendiz. Sigo siendo un aprendiz todos los días de la vida. Y aprendo de mis hermanas indígenas, de los campesinos, de los jóvenes que me enseñan en la facultad muchísimas cosas. No es que yo voy a enseñarles. Vamos a compartir el saber. Y ese saber es la forma de generar otra conciencia. Para mí la educación es la práctica de la libertad. Hoy recordé a Pablo Freire, a quien conocí, y hemos compartido muchos aspectos de la educación como práctica de la libertad.

Para eso estamos en las universidades, en las facultades, para aprender a ser hombres y mujeres libres. No este libertinaje que se nos quiere inculcar. Hombres y mujeres libres, ¿saben para qué? Para una cosa muy seria y muy profunda; para aprender a amar. Porque si todo lo que hacemos no es con amor, todo esto pierde el sentido. Y en las universidades hay que descubrir la fuerza de amar.

Una vez en París, en el Palacio Élysée, en ese entonces era presidente François Mitterrand y su señora, Danielle Mitterrand, una luchadora increíble. Nos invitaron y como compañera tenía una mojita chiquitita llamada Teresa. Teresa de Calcuta. Y era una recepción oficial con diplomáticos, ministros, invitados especiales y Teresa en un momento me dice: "yo no entiendo todo lo que habla esta gente. No entiendo nada". Entonces les seguí la corriente porque pensaba que era un chiste y le pregunté ¿qué entendés? Dice: "no, yo entiendo una sola cosa". Entonces yo quiero saber qué cosa. Teresa, ¿y cuál es esa cosa? Y me dice que hay que poner el amor en acción. El amor sin acción no tiene sentido, es vacío. El amor sin acción es lo que nos da sentido de vida. No solo a los que nos aman, sino a nuestro pueblo.

¿Por qué nuestra lucha? ¿Por qué? ¿Simplemente por interés político, por tener un cargo? No. Es por amor a nuestro pueblo, es por amor a esos niños que muchas veces son despreciados por estar viviendo en la calle. Para mí no hay niños de la calle. Hay niños en la calle porque esta es una sociedad que los expulsa, los denigra y los condena. Que les baja la edad de imputabilidad. Eso es una ofensa a la humanidad. Nosotros como Servicio Paz y Justicia trabajamos con esos niños, con esos jóvenes para que les puedan servir a la vida. Pero que no sean marginados, expulsados. ¿Cómo vas a generar una democracia cuando hay esa discriminación? Lo mismo con las mujeres.

Y creo que ahí donde el pueblo tiene que unirse en la diversidad. Y yo veo que la mujer cada día va avanzando en sus derechos, que no queda marginada, que antes se dedicaba a cocinar a los niños. La mujer va tomando roles cada vez mayores en la sociedad. Se van liberando. Y creo que esto emplea una palabra que está casi olvidada. La liberación. Estamos para ser hombres y mujeres libres. Para liberarnos de las dominaciones y para eso tenemos que aprender de esa rebeldía de conciencia. Tenemos que transformar. Si yo no tengo la paz ¿Qué es la paz? La ausencia de los conflictos, ¿no? La paz es una dinámica permanente de relaciones entre las personas que no tienen nada que ver con la ausencia de los conflictos.

Hoy están hablando de la paz. Que el mundo necesita la paz, pero se arma. Cuando más armas tiene, más piensan que eso les va a asegurar la paz. Estamos al borde de la guerra nuclear si no se pone límite a esto y no hay reacciones. Europa calla, los países callan. Y tenemos que pensar cómo evitar la próxima guerra. Muchas veces que me encontraba con Francisco en el Vaticano me decía: "ya estamos en la carcel de la guerra mundial", y si dejamos este avance, ¿qué queda de la humanidad? Pero ¿qué hacemos? Podemos hacer mucho diagnóstico, ¿no? Si vemos América Latina hoy, la verdad es que me da mucha tristeza, por un lado. Y, por otro, tengo la esperanza de la capacidad de la rebeldía de los pueblos.

Esta rebeldía de los pueblos está en marcha. Es para pensar ese nuevo amanecer, una nueva democracia, un nuevo contrato social. Porque ya parece que está agotado el contrato social que tenemos. Tenemos que comenzar a pensar y a aceptar los desafíos que hoy nos enfrenta la humanidad. Y creo que la educación como práctica de libertad es el camino. Los organismos de derechos humanos en la Argentina, y que han dado testimonio con mucho dolor y mucho sufrimiento, es un signo de esperanza muy grande para nuestro pueblo.

Madres, abuelas, familiares, los organismos de derechos humanos han caminado, han construido y han permitido volver a la democracia. Pero la democracia no vino porque los militares querían, sino fue la derrota en Malvinas. La derrota en Malvinas puso un índice ahí para que los militares cedan al gobierno porque pensaban estar más de cien años. Creo que tenemos que hacer memoria. La memoria no es para quedarnos en el pasado. La memoria nos ilumina el presente y es a través del presente que podemos generar y construir ese nuevo amanecer que todos los argentinos y argentinas queremos asique con mucha fuerza y esperanza. Y quiero recordar a una gran luchadora: Norita. Con ella estuve en Haití, y en muchos países. Tenía una mirada y una esperanza de que otro mundo es posible. Como decía Norita: ¡Hasta la victoria siempre!