Copola, un crack de Perú a Japón

Gabriel, tenimesista y docente de la UNLaM, se colgó una nueva medalla de oro en el Parapanamericano de Lima y se clasificó a los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. “Este título fue muy especial. Al momento de ganar, se te cruza todo el esfuerzo que hiciste para salir adelante”, cuenta, emocionado.

El partido final en Lima, Perú, frente al estadounidense Jenson Van Emburgh, está match point. Gabriel Copola tiene el servicio y, si gana el punto, se convertirá, por tercera vez (segunda individual), en campeón Parapanamericano de tenis de mesa adaptado. El nacido en Ituzaingó saca, el yanqui responde, Gaby remata y su rival no puede contener ese misilazo. Instantáneamente, el ganador se pone las manos en la cara y rompe en llanto por varios segundos; tira la paleta, se agarra la remera, se tapa el rostro y, segundos después, se seca las lágrimas. Al mismo tiempo, su rival se acerca para saludarlo, se abrazan y, cuando Van Emburgh se retira, el argentino se quita la remera, la da vuelta y le muestra al mundo el nombre que está estampado en ella, el suyo: G. Copola ARG. Allí, comienza a sonreír, a buscar caras conocidas en las tribunas y a levantar el puño. Se abraza con Sandra Pinto, docente de la UNLaM y su psicóloga deportiva, que lo acompaña desde los Paralímpicos de Río 2016.

“¡Qué lindo que es ganar! Es increíble, estoy allá arriba... Cuando era chico, siempre miraba a los deportistas que se emocionaban cuando sonaba el himno y quería vivir ese momento. Era uno de mis sueños. Y, cuando estás en ese momento, no lo podés creer. Es muy fuerte”, comenta Copola minutos después de consagrarse y de lograr la clasificación al Paralímpico de Tokio 2020.

Gabriel tiene 35 años (nació el 20 de enero de 1984) y, desde los 11, se traslada en silla de ruedas, por una lesión en la médula espinal que sufrió por un accidente en bicicleta. Pero “el profe”, como lo llaman sus alumnos de la Universidad Nacional de La Matanza, tomó esa experiencia como una prueba de la vida y aprendió a convivir con la capacidad diferente; se reinventó, como le gusta decir. Se fue de viaje de egresados, estudió y se recibió en la Licenciatura en Educación Física. Trabaja en distintas instituciones como docente (UNLaM, UCA, Universidad de Luján y la Colonia Montes de Oca, en la Dirección de Rehabilitación y Reinserción Social de Personas con Discapacidad) y conduce su propio auto, “como cualquiera”, asegura.

“Fue muy especial este título. Al momento de ganar, se te cruza todo el esfuerzo que hiciste para salir adelante, por diferentes circunstancias de la vida, y que hoy te ponen en este lugar. Y también por el esfuerzo que hizo mi familia para que sea quien soy. En las competencias, siempre son más las malas que las buenas; entonces, cuando me toca celebrar, lo disfruto al máximo”, explica quien tendrá su tercera experiencia en un Paralímpico luego de ser quinto en Londres 2012 y noveno en Río 2016.

Y continúa en diálogo con El1 Digital: “Me había preparado para llegar en buena forma, estaba en un gran nivel y, sobre todo, muy bien de la cabeza. Tenía una gran ilusión de llegar lejos. Y las sensaciones que me deja Lima son increíbles; cumplir con el objetivo que me generaba tanta ilusión es indescriptible con palabras. La verdad es que me cuesta pensar en Tokio porque todavía no puedo creer lo que hice en Lima”.

“Seguramente, habrá varios viajes por el exterior para agarrar buen ritmo de partidos, me prepararé acorde al torneo más importante que pueda tener un deportista y hay que multiplicar los esfuerzos”, anticipa.

Pero la alegría de Copola no terminó con esa primera presea de oro que le aportó a la Argentina en el medallero de Lima. Posteriormente, jugó con sus compañeros Mauro Depergola y Elías Romero en Equipos Masculino C3-5 y alcanzaron la medalla de bronce, por lo que el festejo se duplicó: “Con los chicos, somos más que compañeros... Con Mauro, nuestras familias son amigas y compartimos más que el deporte. Y ahora nos vamos a Japón... No caigo todavía”.

Por último, Gaby nunca se olvida de agradecerle a la UNLaM, institución en la que se formó, se recibió y trabaja como docente de la cátedra Introducción a la Educación Física Especial. “La Universidad conoce el esfuerzo que realizo en cada torneo y agradezco que siempre esté presente y me brinde el apoyo día a día”, valora.