El Día del cine nacional argentino y una revolución de película
El italiano Mario Gallo estrenó el cortometraje sobre la creación del primer gobierno patrio el 23 de mayo de 1909. Se celebra hoy, en honor a esa fecha, el Día del Cine Nacional argentino.
Cuando el cine era una creación incipiente, el italiano Mario Gallo estrenó La Revolución de Mayo el 23 de mayo de 1909 en el teatro Ateneo de la ciudad de Buenos Aires. Se trató de un cortometraje en blanco y negro, sin sonido, de cinco minutos de duración, que se puede ver en YouTube, en versión restaurada. Su obra se conmemora este sábado con el Día del cine nacional argentino.
Es el único film de Gallo que sobrevivió al tiempo y a un incendio, ya que el director filmó otros títulos basados en hechos históricos, también. Un rollo de la película, hallado por casualidad, sirvió para recuperar esta joya cinematográfica, décadas más tarde.
La Revolución de Mayo contó con las actuaciones del actor uruguayo Eliseo Gutiérrez (hizo de Vicente López y Planes) y del chileno César Fiaschi. Como curiosidad, en la historia aparece José de San Martín, una licencia poética del director que incluyó al prócer en ese momento fundacional cuando faltaban dos años para que llegara al Río de la Plata. Además, algunos curiosos formaron parte del grupo de extras que encarnó a los vecinos reunidos en la plaza.

Un director multifacético que terminó en la pobreza
El cortometraje fue hecho a pulmón; Gallo fue director, productor, carpintero, guionista y camarógrafo. Un hombre orquesta, en honor a su formación musical que lo trajo a estas tierras en condición de pianista. Animaba tertulias y tocaba en los cafés hasta que decidió dedicarse por entero al cine. El director nació en la localidad italiana de Barletta, Puglia, Italia, en 1878, y llegó a la Argentina en 1905 con 27 años.
Por medio de un amigo empezó a conocer los secretos del séptimo arte y fundó una productora propia. Se considera que La Revolución de Mayo es el primer filme argumental argentino. Su factura de pocos recursos se suplía con decorados confeccionados con sábanas pintadas. Por eso, se ve el frente del Cabildo plasmado en un lienzo que se mueve por efecto del viento.
La cinta contaba una historia y no se limitaba a mostrar escenas de la calle o paisajes como era habitual por entonces. Otro corto del mismo autor, El fusilamiento de Dorrego, estrenado en fechas muy parecidas, disputa un lugar en el kilómetro cero de la industria cinematográfica local. Gallo basó su obra tras observar películas norteamericanas, pero incorporó temáticas de la historia local.


Según los especialistas, el estilo de Gallo estaba inspirado en el cine francés. Más adelante, el italiano filmaría La Batalla de Maipú, rodada en los terrenos del futuro estadio Monumental de River Plate. Las anécdotas de aquel rodaje señalaron que los actores hicieron de improvisados jinetes que terminaron las más de las veces en el suelo. Para producciones siguientes, Galló contrató soldados del ejército muy experimentados para cabalgar sin tropiezos. No faltaron extras que se tomaron tan a pecho el papel de combatientes en batallas que terminaron golpeados o detenidos en la comisaría por alterar el orden público.
Los actores que integraban los elencos no entendían que alguien les pagara por actuar sin público presente, como estaban acostumbraros. El cineasta luchó contra ese desconocimiento inicial y forjó una continuidad de películas referidas a Juan Moreira o Camila O'Gorman hasta 1919. Pese al trabajo y la inversión monetaria, el primer director argentino de películas con argumento terminó en la pobreza, fruto de los avatares del arte y traiciones. Para subsistir trabajó en la recepción de una sala de un cine cortando los boletos. Falleció en Buenos Aires el 8 de mayo de 1945, pero su legado no tiene fin.
