Educación e innovación pedagógica en un contexto de pandemia
Desde que se declaró el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), la Universidad Nacional de la Matanza (UNLaM) desplegó un trabajo mancomunado para sortear los avatares del contexto y continuar con el proceso educativo.
Las horas que le siguieron al anuncio del presidente Alberto Fernández, aquel 19 de marzo, fueron de incertidumbre. De repente, el sistema universitario argentino se enfrentó a un desafío contrarreloj: ¿Cómo transformar todo un proceso educativo que, si bien coexiste con el paradigma de las TICs, depende, en gran medida, de la presencia y de todo lo que implica ir a estudiar?
El denominador común que engloba todos esos interrogantes es, en el caso de la UNLaM, la colaboración y el tejido de redes. Con solo quince días para adaptarse al nuevo contexto, el primer cuatrimestre del ciclo lectivo, con alrededor de 40 mil inscriptos, y todas las actividades que ofrece la universidad, pudieron desarrollarse exitosamente a la distancia.
En esa primera etapa, el 73 por ciento de los estudiantes completó satisfactoriamente su cursada, un porcentaje que superó el promedio de otros cuatrimestres presenciales, que rondaron el 60 por ciento.
Las primeras semanas fueron claves. Primero, porque hubo que readaptar la plataforma universitaria Materias Interactivas en Línea (MIeL), en términos de capacidad de servidores y de flujo de datos; incorporar nuevas herramientas tecnológicas como Microsoft Teams -que sumó la posibilidad de realizar videoconferencias, grabar las clases y contar con otros espacios de foro y archivo-; y brindar capacitación a docentes que, en un 70 por ciento, no solían tener contacto con estas plataformas.
En esa línea, desde la Dirección de Pedagogía Universitaria, se brindaron charlas ofrecidas de la mano de los docentes María del Carmen Hayet y Héctor Kasem, quienes abrieron debates sobre cómo pensar la construcción de aprendizaje con variables nuevas, contemplando las modalidad sincrónica y asincrónica, tiempos más flexibles y otra autonomía.
“Cuando todo comenzó, creí que iba a llevar meses poder adaptarnos, pero hubo un gran espíritu de equipo y de colaboración entre las distintas áreas técnicas y administrativas, los Departamentos e, incluso, dentro de las mismas cátedras, que permitió que se desarrollaran las actividades a pesar del contexto”, expresó el secretario Académico de la UNLaM, Gustavo Duek.
Mantener el vínculo, desafío cumplido Prácticamente todas las áreas de la institución académica tuvieron continuidad de manera digital. Incluso, aquellas que apuntan a hacer un seguimiento de las dificultades que pueda atravesar el alumno en relación a su contexto particular, como las tutorías y talleres de técnicas de estudio, o aquellas dedicadas a brindar orientación vocacional.
En lo que respecta a los talleres de orientación vocacional, este año se registró la cifra de 18.500 inscriptos.
Asimismo, mediante un trabajo coordinado con los tutores designados para cada Departamento, se abrieron espacios de diálogo para abordar los demás aspectos sociales y emocionales que se pusieron en juego en un escenario de cambios e incertidumbre.“Hubo trabajo en red, colaborativo y una fuerte socialización del conocimiento que hicieron posible el cumplimiento de la tarea”, ponderó la titular de la Dirección de Pedagogía Universitaria, Jorgelina Monti.
Si bien nunca se hubiera podido prever una coyuntura de estas características, lo cierto es que la experiencia educativa del 2020 dejó una base sobre la que se podrá asentar un proyecto que ya se había comenzado a planificar en la UNLaM: la educación a distancia y la ampliación de la oferta académica. Las herramientas adquiridas en este tiempo, sin dudas, llegaron para quedarse.
