Un matancero pedaleó desde el Hospital Durand hasta Tandil para concientizar sobre el cáncer de mama
“Tito” Maison cumplió por segunda vez la travesía de 365 kilómetros, en dos tramos, para colocar una cinta rosa en el Cerro El Centinela.
En el Mes de sensibilización sobre el cáncer de mama, Alberto Maison volvió a colocar una cinta rosa en el Cerro El Centinela de Tandil, en homenaje y recuerdo a su madre Ana Rosa, fallecida en 2008 como consecuencia de la enfermedad. Lo hizo después de pedalear en su bicicleta por 365 kilómetros, en dos días, y de padecer roturas, pinchaduras y caídas en medio de la lluvia y el viento que propone “El Niño” por estos días…
La vida de “Tito” siempre estuvo ligada al deporte, impulsado y apoyado por sus padres. Desde muy chico, el vecino de González Catán (nació el 18 de septiembre de 1986 en Capital pero a los doce años la familia se mudó a la localidad matancera) practicó rugby, natación, atletismo y fútbol. Esta disciplina que lo llevó a jugar como en las inferiores de Almirante Brown y Deportivo Laferrere, donde llegó hasta la Reserva y tuvo varios entrenamientos con la Primera, en los que “Garrafa” Sánchez le sacudía zurdazos mágicos en tiros libres y penales.
Sin embargo, en el 2005, el diagnóstico de cáncer de mama de Ana Rosa detuvo sus sueños y acompañó a su madre en todo el proceso de la cruel enfermedad. “Fueron años muy duros, pero tratamos de llevarlos de la mejor manera. Agarrábamos el auto y salíamos a pasear. Un día, le prometí que la iba a llevar a Tandil, pero no lo pudimos hacer”, le cuenta “Tito” a El1. En el 2008 su mamá falleció en el Hospital Durand.

Depresión, angustia y los entrenamientos como sanación…
Con la muerte de su progenitora, Maison entró en un pozo del que le fue muy difícil salir. “Fue muy duro. Al comienzo no quería hacer nada, no hablaba con nadie, tenía mucha bronca, impotencia, dolor”, expresa quien, por aquel entonces, entrenaba como arquero en Deportivo Español primero y en Sacachispas después y ya tenía una familia conformada.
Y fueron su esposa y el crecimiento de sus hijos, y las prácticas con los chicos, por lo que empezó a salir a flote. “Entrenando con los chicos comencé a conectar con lo que les decía, que siempre hay que ir para adelante, nunca bajar los brazos, ponerle el pecho a las adversidades, y me empecé a sentir mejor”, relata. Y agrega: “Y un día me dije: ‘Tengo que hacer algo para sacarme toda esto que tengo’”.

Fue así como en octubre de 2023 decidió, de un día para otro, salir a la ruta en bicicleta y realizar el viaje que le había prometido a Ana Rosa: del Durand hasta Tandil. “Había tenido una distención de ligamentos de la rodilla izquierda y, para zafar de la operación, el médico me recomendó hacer bicicleta, la cual no tenía. Así que me prestaron una y me fui desde mi casa, en el kilómetro 32, hasta Cañuelas, el día antes para salir a Tandil”, detalla. “Cuando volví a mi casa no me podía sentar. La bici que me habían prestado no tenía asiento antiprostático y la calza que me había puesto no tenía almohadilla, algo fundamental para este tipo de travesías. Así que fue a un amigo bicicletero, que me dio un asiento, me compré una calza acorde y el 19 de octubre, el Día mundial de la lucha contra el cáncer de mama, salí para Tandil”, expresa.
Un viaje reparador
El primer tramo de la travesía fue desde Hospital Durand, ubicado en el corazón geográfico de CABA, hasta San Miguel del Monte, donde “Tito” llegó a una estación de servicio y una de las chicas del turno noche del minimarket lo dejó dormir, sentado, en uno de los sillones. A la mañana siguiente siguió viaje hasta Rauch, ciudad en la que tenía pensado pernoctar en el hospital o en el cuartel de bomberos. Pero su historia ya había trascendido en las redes sociales y, a su llegada, lo estaban esperando miembros del Club Chevrolet, integrantes del grupo “Locos por los fierros” de Tandil.
“No lo podía creer, me estaban esperando y tenía como diez personas que me ofrecían ir a bañarme, comer y dormir en sus casas. ¡Encima a mí me gustan los coches! Fui a la casa de campo de Carlos, el dueño de un Chevrolet 400 impresionante. Al día siguiente salí para Tandil y allá también me estaban esperando con otros fierros”, indica.

La cuestión es que, aquel 21 de octubre de 2023, “Tito” dejó una cinta rosa en el Cerro El Centinela y cumplió con lo prometido. “Ese viaje fue muy emocionante y me desbloqueó todo ese resentimiento que tenía. Cuando volví tuve que ir al hospital para que me sacaran todo el líquido que se me había juntado en la rodilla, je”.
Otra vez a la ruta

En 2024, los ligamentos de la rodilla izquierda no aguantaron más y se cortaron, por lo que el gasista matriculado y profesor de rugby, sus dos actividades actuales, comenzó todos los estudios en el Hospital Posadas para operarse. Cuando ya tenía todo listo, le dijeron que ahí no hacían ese tipo de intervención, por lo que fue al Hospital de Ezeiza, tuvo que realizar otra vez todos los pre-quirúrgicos y el 10 de mayo de este año entró al quirófano.
La rehabilitación con kinesiología, después de usar muletas, fue muy buena. Y “Tito”, nuevamente con el apoyo de su esposa e hijos, emprendió otro desafío hasta Tandil, aunque esta vez sería de un solo tirón y con una bicicleta nueva que le regaló su familia cuando cumplió 40 años. El 23 de octubre, día del cumpleaños de su mamá, salió a la medianoche del Hospital Durand, pero en el kilómetro 30, se rompieron los cambios y paró a reparar bajo la lluvia.
Otra vez en camino, y antes de llegar a Cañuelas, el sistema de velocidades nuevamente se rompió, el matancero agarró un huellón de los camiones y se cayó, lastimándose la pierna derecha. “Estuve sentado varios minutos bajo la lluvia, con la bici tirada al lado. Pero pensé en los chicos que entreno, en lo que les digo para que no abandonen, y en mis hijos, me levanté, arreglé los cambios dejándolos fijos y seguí. Encima en Monte y Las Flores pinché, así que llegué a Rauch a las 21.30. Ahí hablé con los chicos de Locos, que me hicieron entrar en razón para que durmiera ahí y a la mañana siguiente siguiera, y el 24 subí de nuevo a El Centinela”, describe.


Y completa: “Dejé la cinta rosa y otra vez me emocioné, por el recuerdo de mi mamá y por todas esas mujeres que luchan día a día contra esta enfermedad”.
La otra travesía de “Tito”


A comienzos de 2024, antes de la rotura de ligamentos, Maison le pidió a “Nacho”, el sobrino de un amigo con el que juega al fútbol en Laferrere, que escribiera una cartita para curarse y que él la iba a llevar, corriendo, desde el Hospital Garrahan hasta el Santuario de San Nicolás.
Así fue como, el 15 de febrero, en el Día internacional de la lucha contra el cáncer infantil, emprendió el “maratón” de 260 kilómetros. Dos días después, el pedido del niño estaba al pie de la Virgen…
