Con un gol y dos asistencias, Lionel Messi se despidió de la Selección

Más de 85.000 personas vibraron con el último partido del crack con la camiseta celeste y blanca. El triunfo ante Benín por 3 a 0 solo quedó para las estadísticas.

Lionel Andrés Messi se vistió por última vez de celeste y blanco. O por lo menos así lo anunció y, con un evento en el Estadio Monumental, la Selección argentina y más de 85.000 personas lo despidieron, con emociones y sensaciones cruzadas.

Por un lado, la alegría de verlo por 208ª vez con la casaca nacional, disfrutar de su juego, de sus asistencias (llegó a las 68 con el combinado albiceleste) y de sus goles (alcanzó los 126 gritos). Por otro, la tristeza de saber que no compartirá más ese ritual de juntarse con los mejores futbolistas autóctonos para defender los colores de nuestra bandera.

La jornada de Messi arrancó con un reconocimiento. En el predio de la AFA, que lleva su nombre, el astro del fútbol recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA). “Es un orgullo para mí. Hoy es un día muy especial, sé que va a ser difícil y voy a intentar disfrutarlo”, expresó Leo en la entrega de la distinción.


Por la tarde, cerca de las 18.30, el plantel de la Selección se dirigió en micros hacia Núñez y miles de personas se volcaron al costado del trayecto (la caravana arrancó por la Ricchieri y continuó por la General Paz). Al rosarino de 39 años, sentado en la penúltima fila del lado derecho, a quien se lo vio en un par de veces llorando y secándose las lágrimas con pañuelitos descartables.

Una vez en el Monumental, Lionel trató de meterse en el partido y aislarse de todo lo que lo pudiera emocionar. Recibió el carnet de Socio Honorífico por parte de la dirigencia de River en el primer piso del club. Hizo los movimientos de precalentamiento con normalidad (en un par de ocasiones levantó los brazos para retribuir el “Meeessiii, Meeessiii” de las tribunas). Salió al campo de juego acompañado de sus tres hijos (su esposa, madre y familiares estaban en el palco). Y no cantó el Himno –interpretado por el matancero y héroe de Malvinas, Fabio Santana- para no quebrarse, aunque sus ojos brillosos delataban la emoción.

Un trámite

El encuentro con el conjunto de Benín fue la excusa para despedir al genio. En el primer tiempo, los africanos se defendieron muy bien y al equipo dirigido por Lionel Scaloni se le dificultó para romper el cero.


En el complemento, el marcador se abrió tras un córner de Leo desde la izquierda, al corazón del área, donde apareció Nicolás Otamendi y con un derechazo infló la red. El defensor de 38 años, quien también cumplió con su último partido con la Selección, unos minutos después fue reemplazado y ovacionado por todo el estadio.

El segundo tanto lo convirtió Nicolás Paz. Messi se la dio al centro, el volante zurdo la acomodó en la medialuna del área y metió un tiro preciso que ingresó pegado al palo derecho. Muchos lo indican al joven nacido en España como el heredero de Leo, no solo en la posición en el campo sino también con el Diez en la espalda. Y la cuenta la cerró el homenajeado de la noche, desde el punto del penal, con un zurdazo seco al ángulo superior izquierdo.


Con el pitazo final, sus compañeros y rivales lo rodearon para saludarlo. Vino un show de drones, La Sole cantó “Brindis” y Leo se despidió con unas palabras. Hubo alegría y tristeza; risas de felicidad y llanto de congoja.

Se terminó uno de los ciclos más importantes y movilizantes de la historia de la Selección argentina. Lionel Andrés Messi no se pondrá más la celeste y blanca ni la cinta de capitán. Se lo extrañará. Ya se lo extraña. Pero siempre estará.