La despedida en la calle
Frente a la muerte, los barrios populares replican un ritual de despedida que incluye alcohol, música y caravanas de motos “tirando cortes”.
Imagen del videoclip "Mega Callejero", por Callejero Fino.
Por Abril Magalí Fontales Otero*
La música suena fuerte desde los parlantes y una canción dedicada al fallecido se repite entre las calles. Las motos aceleran, los escapes retumban y los cortes se mezclan con las voces, las risas y los gritos. Las botellas chocan entre sí, la gente se abraza y levanta sus celulares para registrar la escena. Familiares, amigos, vecinos y conocidos cantan mientras las motos pasan una detrás de otra.
Para los pibes del barrio, el estruendo de las motos es la respuesta ante la pérdida de un miembro de su comunidad. Son ellos mismos quienes terminan figurando en la lista de nombres de personas asesinadas por la policía o alcanzados por la violencia en las calles. Ante una muerte prematura, la música, el alcohol y el humo de los motores se convierten en una forma de procesar la bronca y acompañar el duelo para familiares y amigos de los difuntos.
Formas de identificarse
Según la psicóloga Violeta Gagliano, que trabaja en el ámbito comunitario con jóvenes de la localidad de Villa Luzuriaga, partido de La Matanza, en el programa Envión, estos rituales funcionan como un “colchón simbólico” frente a una situación que excede a quienes la atraviesan. La repetición de estas prácticas le da un marco a la muerte y refuerza la identidad de quien ya no está.
“Es la forma más genuina de despedir a quien se fue”, detalla. Las motos, la música, la ropa y las formas de reunirse pertenecen al universo cotidiano de quienes participan y de la manera en que el grupo mantiene viva la memoria del fallecido.
La trabajadora social Karla Andreu Strumbo propone mirar estos rituales más allá de las imágenes que suelen impactar cuando circulan en los medios. La despedida está vinculada con la identidad de la persona que murió y con los grupos a los que perteneció. El fallecido fue hijo, hermano, amigo o pareja, tuvo una música preferida, determinados códigos, lugares propios y vínculos que lo definieron. La calle ocupa un lugar central: la despedida no queda encerrada en una sala velatoria, sino que se desplaza a los barrios.
Pero no todo lo que aparece en un velorio tumbero es exclusivo de ese tipo de despedidas. La antropóloga María José Saletta remarca que las fotos, camisetas, banderas, canciones y objetos personales también forman parte de velorios de personas que no tienen ninguna relación con el delito.
Además, plantea que la diferencia está en la identidad que representan y en la mirada que se construye sobre ella. “En general, hay toda una construcción de la identidad alrededor de la persona que se murió”, observa. Es una forma de mostrar quién fue esa persona que falleció y qué lugar ocupó dentro de su comunidad.
La relación con la música
El cantante de RKT Callejero Fino permite observar cómo estos rituales también son representados y trasladados a producciones musicales. Este año, habló sobre su videoclip “Mega Callejero”, en el que se representa un velorio con música, motos y hasta armas de fuego. Al explicar esta práctica, sentenció que “el velorio ya se ve desde otro ángulo” porque no solo está cargado de tristeza, sino también de la celebración de la vida de quien murió.
El artista popular defendió la idea de enseñar esta realidad como alternativa de despedida a un fallecido y muestra como los códigos barriales pueden transformarse en una representación audiovisual que circula fuera de esas comunidades y espacios.

La viralización
El fenómeno tomó una nueva dimensión con la difusión de estos rituales en redes sociales, como Instagram o TikTok. Durante la pandemia, se viralizaron muchas maneras de despedir fallecidos, como ocurrió con videos de hombres afroamericanos que cargaban ataúdes mientras bailaban. Saletta, quien es además profesora de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), plantea ese caso como una referencia para pensar cómo las redes convierten prácticas funerarias diferentes en contenido de consumo masivo.
Cuando las imágenes salen del barrio, cambian su significado. Para quienes las graban, funcionan como el registro de una despedida. Pero, para quienes las miran, son un mero espectáculo. Saletta advierte sobre el riesgo de que estas escenas sean “exotizadas” y usadas para construir una imagen del “otro” asociado con la violencia o la marginalidad. El algoritmo y los medios amplifican las imágenes que generan sorpresa o morbo para el público.
La música, las risas y el ruido de las motos “tirando cortes” chocan con la idea tradicional del velorio como un momento silencioso e íntimo, por eso puede parecer una fiesta. Es más una celebración de la vida que la despedida de una persona fallecida. Cuando la caravana se aleja, queda una forma de despedir que habla de quién se fue, de los vínculos que pudo construir y del lugar que ocupó entre su gente.
*Estudiante de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), en el marco del Taller de Gráfica VI
